Archive for the ‘Lecturas’ Category

Nuevo blog en el directorio www.losportabebes.com

Miércoles, noviembre 2nd, 2011

Hoy os escribo para informaros de que el directorio especializado en porteo www.losportabebes.com cuenta ahora con una nueva herramienta que nos informa de  las novedades del sector. Se trata de un blog con información actualizada a diario.

Si queréis saber más sobre el mundo de los portabebés no tenéis más que entrar en el siguiente enlace: Blog Noticias losportabebes.com.

La Empatía

Jueves, julio 7th, 2011

No es fácil ponerse en los zapatos del otro o al menos no lo es hacerlo bien.

Hace poco me enviaron un extracto del libro “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen”. En él Adele Faber y Elaine Mazlish explican como empatizar algo que utilizamos en nuestro vocobularío del día a día, pero que es realmente difícil de conseguir.

“Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen”

“Imagínese que está en la oficina. Su jefe le pide que haga un trabajo extraordinario. Lo quiere encima de la mesa al concluir la jornada. Usted tiene intención de ocuparse de él inmediatamente pero, debido a unas urgencias imprevistas se olvida por completo. Tanto se complica todo que apenas le queda tiempo de comer.
Cuando junto a algunos compañeros, se dispone a marcharse a casa, se presenta el jefe y le reclama el trabajo terminado. Intenta explicarle en dos palabras el día excepcionalmente ajetreado que ha tenido. Él le interrumpe. Con una voz fuerte, desabrida, le grita: ¡No me interesan sus excusas! Para que diablos cree que le pago? Para pasar todo el día sentado sobre su trasero?. Al verle abrir la boca dispuesto a hablar dice: ¡Cállese! Y se aleja del ascensor.
Sus compañeros fingen no haber oído nada. Termina de recoger sus papeles del despacho y sale por fin. Camino de casa se encuentra con un amigo. Esta tan trastornado que no puede evitar contarle lo que le acaba de pasar.

Su amigo trata de “ayudarle” de ocho maneras diferentes

1. Negación de los sentimientos:

“No veo por qué te afecta tanto. Es una bobada sentirse así. Probablemente lo que ocurre es que has magnificado todo el asunto. No puede ser tan grave como haces que parezca. Venga, sonríe, cuando lo haces estás mucho más guapo”.

2. La actitud filosófica:

“Mira la vida es así. Las cosas no siempre salen como uno quiere. Tienes que aprender a tomártelo con más calma, en el mundo no hay nadie perfecto”

3. Un consejo:

“¿Sabes lo que deberías de hacer? Mañana por la mañana ve directo al despacho del jefe y dile “Señor tal, admito que estaba equivocado” Luego ponte manos a la obra y termina ese trabajo que has descuidado hoy. No te dejes atrapar por los mil imprevistos que surgen siempre. Y si eres un poco listo y quieres conservar el empleo, procura que no vuelva a sucederte nada parecido.

4. Preguntas:

“¿Qué urgencias has tenido exactamente para olvidar el encargo especial de tu jefe?
“¿No has pensado que se pondría hecho un basilisco si no te dedicabas a ello inmediatamente?”
“¿Te había ocurrido ya alguna vez?”

5. Defensa de la otra persona:

“Comprendo la explosión de tu jefe. Probablemente está sometido a grandes presiones. Tienes suerte de que no pierda los nervios más a menudo”

6. Lástima

“Oh! Pobrecillo. ¡Es horrible! La verdad es que me dan ganas de llorar.

7. Psicoanálisis de aficionado

“Se te ha ocurrido pensar que la auténtica razón por la que te has alterado tanto es que tu jefe representa esa figura “paterna” en tu vida? A lo mejor tu jefe ha despertado esos miedos infantiles al rechazo que te brindaba tu padre si te comportabas mal.

8. Una actitud vehemente (Intento de solidarizarse con los sentimientos del otro):

“Jolines, que experiencia tan desagradable! Soportar un ataque como ese delante de terceras personas debe haber sido terrible”
 

Cuando estamos dolidos o irritados por algo, lo último que deseamos escuchar es si a alguien le ha ido peor, advertencias, consejos, filosofía, psicología o la opinión de otra persona. Esa clase de argumentos solo consiguen empeorar nuestro estado. La lástima nos deprime, las preguntas nos ponen a la defensiva y lo que más exaspera es oírnos decir a nosotros mismos que no deberíamos de ponernos así.

Pero si alguien me escucha verdaderamente, si se conciencia de verdad de mi dolor interior y me da la oportunidad de hablar más a fondo de lo que me aflige, enseguida comienzo a sentirme menos crispada, menos confundida, mucho más capaz de hacer frente a mis sentimientos y a mi problema.

El proceso no es distinto en nuestros hijos. Ellos también pueden ayudarse a sí mismos si encuentran un oído atento y una actitud solidaria. Pero el lenguaje de la solidaridad no brota naturalmente. No forma parta de nuestra “lengua materna”. La mayoría de nosotros hemos crecido con los sentimientos desestimados o denegados.

Espero que os haya gustado.

Ni rabietas, ni conflictos

Lunes, abril 11th, 2011

A pesar del tiempo que llevo leyendo sobre crianza, hace relativamente poco que por recomendación de una amiga, descubrí a Rosa Jové.El libro era “La crianza feliz” y me pareció un buen compendio  con apreciaciones muy empáticas hacia los niños. Me gustó tanto que lo he incorporado a mis lecturas de cabecera. Además, yo también lo he recomendado a otros padres.

Esta autora acaba de publicar otro libro que promete y que se titula “Ni rabietas, ni conflictos. Soluciones fáciles y definitivas para problemas de comportamiento de 0 a 12 años”. En las relaciones entre personas no creo en las soluciones fáciles, ni rápidas, pero estoy deseando zambullirme en su lectura. Para empezar ya me gusta la portada en la que se ve a un papá y a una hija dándose la espalda. Me parece muy buen enfoque porque eso es una rabieta, un conflicto de intereses enfrentados a partes iguales, sin superioridad. Me parece clave como padres entender que no poseemos a nuestros hijos y que no debemos imponernos como autoridad, si no que el respeto hay que ganarlo partiendo de una relación de iguales. Yo al menos en la crianza de mis hijas, así lo procuro.

Hay una frase que emplea Rosa Jové y que me encanta aplicada a los niños y sus rabietas. Yo me la repito muchas veces cuando me flaquea la paciencia: «Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite». ¿No nos gustaría que así hicieran con nosotros? ;D

Carta de un hijo a todos los padres del mundo.

Jueves, marzo 24th, 2011

Hace muchos años que cayó este escrito en mis manos y me gustaría compartirlo con vosotros. Muchas veces nos olvidamos de cosas tan simples como esta. ¡Que lo disfrutéis!

 

CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES DEL MUNDO

No me des todo lo que te pido.          
A veces, sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.

No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces;
y me enseñas a gritar a mí también.
Y…  yo no quiero hacerlo.
 

No me des siempre órdenes.
Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas,
yo lo haría más rápido y con más gusto.

No me compares con nadie,
especialmente con mi hermano o mi hermana.
Si tú me haces sentirme mejor que los demás,
alguien va a sufrir;
y si me haces sentirme peor que los demás,
seré yo quien sufra.

Déjame valerme por mí mismo.
Si tú haces todo por mí,
yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí,
ni me pidas que las diga por ti,
aunque sea para sacarte de un apuro.
Me haces sentirme mal
y perder la fe en lo que me dices.

Cuando yo hago algo malo,
no me exijas que te diga el por qué lo hice.
A veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo,
y crecerá la buena opinión que yo tengo de ti,
y así me enseñarás a admitir mis equivocaciones.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad
con que tratas a tus amigos.
Porque seamos familia
no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga una cosa
si tú no la haces.
Yo aprenderé siempre lo que tú hagas,
aunque no me lo digas.
Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío,
no me digas “no tengo tiempo para bobadas”,
o “eso no tiene importancia”.
Trata de comprenderme y ayudarme.

Y quiéreme. Y dímelo.
A mí me gusta oírtelo decir,
aunque tú no creas necesario decírmelo.

“Separaciones tempranas” por Laura Gutman

Viernes, febrero 11th, 2011

Os dejo aquí un artículo de la terapeuta Laura Gutman. Como siempre, no tiene desperdicio.

La necesidad básica primordial de todo niño humano, es el contacto corporal y emocional permanente con otro ser humano. No es más complicado que “eso”. Sin embargo, algo que debería ser sencillo y espontáneo, lo hemos convertido en un problema. Casi todos apuntamos a que el niño pequeño “no nos moleste”. Es extraño. Ninguna otra especie de mamíferos pretendería algo tan insólito de su propia cría. Pero para los humanos es común determinar que lo mejor es “dejarlo llorar”, “que no se mal acostumbre” o “que no se vuelva caprichoso”. Y nos resulta totalmente habitual que el cuerpo del niño esté separado: Solo en su cuna. Solo en su cochecito. Solo en su sillita.

Apenas nace, suponemos que debería dormir solo. Crece un poco, y ya opinamos que es grande para pedir brazos o mimos. Y si crece un poco más, es grande para quedarse en casa. Luego es grande para llorar. Después es grande para no quedarse en una fiesta de cumpleaños. Y por supuesto, siempre es grande para hacerse pis, o para tener miedo de los mosquitos o para no querer ir a la escuela. Si todo lo que necesitaba desde el momento de su nacimiento fue contacto y no lo obtuvo, sabe que su destino es quedarse solo. La necesidad de contacto no desaparece al no obtenerla, entonces su mejor opción será cambiar el modelo de llamada hacia un sistema más “escuchable” para el adulto y posiblemente más molesto. Generalmente el niño enferma. Casi todos los niños están enfermos de soledad. Pero los adultos no reconocemos en la enfermedad del niño, la necesidad desplazada de contacto y presencia.

Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos padecido, y si pudiésemos ponernos las manos sobre el corazón y recordar las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una revancha. Descargamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y no tocar al niño, porque tocar nos duele. Nos duele el cuerpo rígido por falta de amor, nos duele la moral, nos duele el alma. ¿Estamos dispuestos a hacer algo por las futuras generaciones? Entonces resolvamos nuestro dolor infantil y pongamos nuestro cuerpo a disposición de quienes son niños hoy.

Fuente: http://www.lauragutman.com.ar/home.html

Importancia de la fase en brazos II

Martes, enero 18th, 2011

Jean Liedloff  El Concepto del Continuum (extracto II)

El Papel Formativo de la Fase de en Brazos

¿Cómo llegué a ver en la fase de ir en brazos aquella etapa crucial para el desarrollo de una persona? Primero, vi la gente feliz y relajada en la jungla de Sudamérica, cargando siempre a sus bebés sin dejarlos nunca. Poco a poco, fui capaz de ver una conexión entre ese hecho tan sencillo y la calidad de sus vidas. Incluso, más tarde, llegué a ciertas conclusiones sobre cómo y por qué el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial en el estadio inicial del desarrollo tras el nacimiento.

Por un lado, parece que la persona que carga el bebé (normalmente la madre durante los primeros meses, y luego un niño de cuatro a doce años que devuelve el bebé a la madre para alimentarlo) está formando los cimientos para las experiencias posteriores. El bebé participa pasivamente en las carreras, paseos, risas, charlas, tareas y juegos del porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas, sequedad y humedad, y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego andar. Un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita, o al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial.

Debido a la necesidad del niño de participar, es también muy importante que los cuidadores no se queden sentados mirando al bebé ni que continuamente le pregunten lo que quiere, sino que lleven vidas activas ellos mismos. Ocasionalmente, uno no puede resistir darle al bebé un chorro de besos, pero, de todos modos, un bebé que está programado para observar la ajetreada vida que llevas se confunde y frustra cuando dedicas tu tiempo mirando como él vive la suya. Un bebé dedicado a absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti, se sumerge en la confusión si le preguntas que sea él quien la dirija.

La segunda función esencial de la experiencia de la fase en brazos parece no haber sido percibida por nadie (incluyéndome a mí, hasta mediados de la década de los 1960). Se refiere a proveer a los bebés de un mecanismo de descarga de su exceso de energía hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos. Esto explica porque los bebés Yequana estaban tan extrañamente relajados y porque no se ponían rígidos, daban patadas o arqueaban la espalda para relajarse ante una incómoda acumulación de energía.

Para poder proveer una óptima experiencia de la fase en brazos tenemos que descargar nuestra propia energía de manera efectiva. Se puede calmar muy rápidamente a un bebé corriendo o saltando con él, o bailando o haciendo lo que sea para eliminar el exceso de energía propio. Una madre o padre que deben marchar de repente a buscar algo no necesitan decir “oye, toma el bebé que voy corriendo a la tienda”. El que tenga que correr que se lleve al bebé. ¡Cuanta más acción mejor!

Los bebés y los adultos experimentan tensiones cuando la circulación de energía en sus músculos está impedida. Un bebé repleto de energía no descargada está pidiendo

acción: una carrera a galope alrededor del salón o un baile movido con el niño de la mano. El campo de energía del bebé se aprovechará inmediatamente del del adulto, descargándose. Los bebés no son las cositas frágiles que hemos tomado con guantes. De hecho, un bebé tratado como frágil en este estado de formación puede ser persuadido de que es frágil.

Como padres, podéis llegar a comprender fácilmente el flujo de energía de vuestro hijo. En el proceso, descubriréis muchas maneras de ayudar a vuestro bebé a mantener el suave tono muscular del bienestar ancestral, y de proporcionarle la calma y confort que necesita para sentirse como en casa en este mundo.”

IMPORTANCIA DE LA FASE EN BRAZOS I

Martes, enero 18th, 2011

Jean Liedloff  El Concepto del Continuum (extracto I)

 “Durante los dos años y medio en los que estuve viviendo con los indios de la edad de piedra en la jungla de Sudamérica (no todos seguidos, sino en cinco expediciones separadas con mucho tiempo entre ellas para reflexionar), pude darme cuenta de que la naturaleza humana no es lo que se nos ha hecho creer que somos. Los bebés de la tribu de los Yecuana, más que necesitar paz y sosiego para dormir, dormitaban embelesadamente cuando se sentían cansados, mientras que los hombres, mujeres o niños que los acarreaban, bailaban, corrían, andaban, gritaban o impulsaban las canoas. Los niños jugaban juntos sin pelearse o discutir, y obedecían a los mayores instantánea y diligentemente.

La idea de castigar a un niño aparentemente nunca se les ocurrió a esa gente, ni su comportamiento mostró nada que pudiera llamarse verdaderamente permisividad. Ningún niño habría soñado en interrumpir, incomodar o ser mimado por un adulto. Y, sobre los cuatro años, los niños contribuían más en las tareas de la familia que lo que precisaban de ella.

Los bebés en brazos casi nunca lloraban y, de una manera fascinante, no movían sus brazos, protestaban, arqueaban su espalda ni flexionaban sus brazos o piernas. Se sentaban tranquilamente en sus bandoleras o dormían en la cadera de alguien, desmintiendo el mito que los niños deben “hacer ejercicio”. Además, nunca sufrían de vómitos, excepto si estaban muy enfermos, y no tenían cólicos.

Cuando se asustaban durante los primeros meses de gatear o andar, no esperaban que nadie fuera hacia ellos, sino que iban por sí mismos hacia su madre u otros cuidadores para confirmar la necesidad de sentirse seguros antes de continuar sus exploraciones. Sin supervisión, incluso los más chiquitines casi nunca se hirieron.

¿Es su “naturaleza humana” distinta a la nuestra? Algunos piensan que así es, pero, por supuesto, sólo hay una especie humana. ¿Qué podemos aprender nosotros de la tribu de los Yequana?

Nuestras Expectativas Innatas

Inicialmente, podemos intentar comprender completamente el poder de formación de lo que yo llamo la fase de “en brazos”. Empieza en el nacimiento y acaba con el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador y volver a voluntad. Esta fase consiste, simplemente, en que el bebé tenga contacto físico durante las 24 horas del día con un adulto u otro niño mayor.

Al principio, meramente observé que la experiencia de ir en brazos tenía un impresionante efecto saludable en los bebés y que no había ningún “problema” que arreglar. Sus cuerpos eran suaves y se adaptaban a cualquier posición que fuera adecuada para sus porteadores; incluso algunos de ellos se colgaban en la espalda mientras los agarraban por la muñeca. No pretendo recomendar esta posición, pero el hecho de que es posible demuestra la extensión de lo que constituye el confort para un bebé. En contraste a este ejemplo, tenemos el desesperado desconfort de los niños

acostados cuidadosamente en un moisés o cochecito, suavemente arropados, y dejados ir, rígidos, con el deseo de asirse a un cuerpo vivo que, por naturaleza, es el lugar correcto. Es el cuerpo de alguien que “creerá” en sus lloros y consolará sus ansias con brazos amorosos.

¿Por qué la incompetencia en nuestra sociedad? Desde la infancia, se nos enseña en no confiar en nuestro instinto. Se nos dice que los padres y los profesores saben más y que cuando nuestras sensaciones no coinciden con sus ideas, nosotros debemos estar equivocados. Condicionados para no confiar o amargamente ignorar nuestros propios sentimientos, resulta fácil convencernos para no creer en el bebé que llora diciendo: “¡Deberías tomarme en brazos!” “¡Yo tendría que estar cerca de tu cuerpo!” “¡No me dejes!” En su lugar, denegamos nuestra respuesta natural y seguimos la moda instaurada, dictada por los “expertos” en cuidados infantiles. La pérdida de confianza en nuestra experiencia innata nos deja leyendo un libro detrás de otro viendo como cada nueva idea falla.

Es importante entender quiénes son los expertos en realidad. El segundo mayor experto en cuidado infantil que existe está dentro nuestro, tan seguro como que reside en cada especie superviviente que, por definición, debe saber cuidar a su prole. El mayor experto de todos es, por supuesto, el bebé, programado durante millones de años de evolución para mostrar su propio temperamento mediante sonidos y acciones cuando el cuidado no es correcto. La evolución es un proceso de refinamiento que ha afinado nuestro comportamiento innato con magnífica precisión.

La señal del bebé, la comprensión de esta señal por la gente que lo rodea, el impulso a obedecerla, son todo partes del carácter de nuestra especie.

El presuntuoso intelecto ha mostrado estar pobremente equipado para adivinar los auténticos requerimientos de los bebés humanos. La pregunta a menudo es: ¿Debería tomar al bebé cuando llora? ¿O debería dejarle llorar durante un rato? ¿O debería dejarle llorar para que así el niño sepa quien es el jefe y no se convierta en un “tirano”?

Ningún bebé estará de acuerdo con ninguna de estas imposiciones. Unánimemente, nos dejan bien claro que no deben ser dejados para nada. Como esta opción no ha sido ampliamente defendida en la civilización occidental contemporánea, las relaciones entre padres e hijos han permanecido firmemente como si fueran adversarios. El juego se ha centrado en conseguir que el bebé duerma en la cuna, pero no se ha considerado la oposición sobre los lloros del bebé. A pesar de que Tine Thevenin, en su libro The Family Bed (La cama familiar), y otros han abierto el tema de que los niños duerman con sus padres, el principio más importante no se ha tratado claramente: comportarse contra nuestra naturaleza como especies conduce inevitablemente a la pérdida de bienestar.

Una vez hemos comprendido y aceptado el principio de respetar nuestras expectativas innatas, seremos entonces capaces de descubrir precisamente cuáles son; en otras palabras, qué es lo que la evolución nos ha acostumbrado a experimentar.