Vuelven los cuentos en azul y rosa I

Rosa Rius

‘Cuentos de Princesas’, ‘Cuentos Rosas Brillantes’, ‘Cuentos para niñas’, o ‘Esther y su mundo’, una colección “femenina” sobre la vida cotidiana de una escolar británica que data de 1971 y que acaba de recuperarse para las niñas españolas del siglo XXI. Un vistazo a la sección de libros de unos grandes almacenes basta para comprobarlo: cada vez hay más cuentos diferenciados para niñas; muchos, rosas o con lentejuelas. ¿Qué ha pasado con los esfuerzos para promover modelos igualitarios en la literatura infantil?

“El sector del libro infantil sigue siendo el más marcado por el género, claramente”. Así se expresa Iolanda Batallé, directora editorial de La Galera y profesora del máster de Edición de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, y reconoce que incluso las editoriales más comprometidas con políticas no sexistas están sucumbiendo a la moda de las colecciones para niños y para niñas. “Hay un bombardeo comercial; aquí y en el mercado internacional el 80% de las grandes apuestas en las ferias son colecciones para niños y para niñas, y también en todo lo relacionado con las licencias de los millones de princesitas Disney; se está creando mucho material marcado por razones de sexo desde el principio y, al final, incluso editoriales como La Galera, pioneras en libros no sexistas, entramos en las colecciones diferenciadas porque acaba mandando el mercado”, explica Batallé.

Pero ¿por qué? ¿Dónde están las normas que regulaban modelos equitativos en la literatura infantil? ¿Qué ha pasado con todo aquel movimiento en favor de princesas que se salvaban solas y de príncipes que podían llorar? “Lo que pasa es que se ha caído en manos del mercado; como ha disminuido la alerta sobre el avance de estos valores, los libros siguen ahora las leyes del mercado, y el mercado es conservador”, resume Teresa Colomer, directora del máster de Literatura Infantil y Juvenil de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Y explica que el retroceso en los valores de igualdad en la literatura infantil tiene que ver con un movimiento social más amplio que vemos también en el fenómeno de las top-model, en las protagonistas del cine o los videojuegos: mujeres decididas, que han ganado en autonomía y agresividad, pero que reiteran los tópicos de una feminidad del pasado y buscan lo de siempre, gustar al varón, al que acaban sometidas. Es el auge de lo que denomina, de forma muy gráfica, princesitas con tatuaje, una puesta al día, con el barniz de los piercings y del descaro sexual, de la literatura rosa de otros tiempos.

Colomer explica que los estudios realizados a partir de los años 70 en los que se denunciaban los modelos sexistas que se ofrecían a niños y niñas en los libros dieron sus frutos, y algunos países anglosajones elaboraron normas editoriales para impedir que hubiera colecciones diferenciadas y para que los modelos que se ofrecían fueran más equitativos. Como reacción surgió un movimiento de producción de libros infantiles que se esforzó por ampliar los valores de cada sexo y por ofrecer un reparto más equilibrado de los papeles sociales. “Se avanzó hasta el punto de cuestionarse si los cuentos podían ir por delante con sus valores de lo que estaba asumido socialmente o aquello era ya adoctrinamiento”, explica la profesora de la UAB. Considera que luego, en los años 90, pareció que la mujer ya había avanzado mucho y hubo cierta relajación en el discurso igualitario, al tiempo que se comenzó a plantear que todo lo femenino había quedado relegado, que la igualdad había llegado por la vía de convertir a las niñas en niños de segunda clase. “Y ahora, para recuperar lo femenino, hemos ido hacia atrás y, en vez de mejorar a esos niños de segunda con los valores femeninos, hemos vuelto a las chicas sometidas, a la subliteratura rosa, a la mujer de toda la vida pero con tono del siglo XXI”, señala. Y es en ese panorama social en el que sitúa las estrategias de mercado que llenan de lentejuelas los libros para “niñas muy femeninas”.

Entonces, ¿no se ha avanzado? ¿Los autores de nuevos cuentos perpetúan los valores y los estereotipos sexistas? “Claro que se ha avanzado, y se crean historias de chicos antihéroes y protagonistas femeninas que llevan la batuta de su vida; también se crean colecciones donde los roles familiares están actualizados; pero no deja de sorprenderme la cantidad de manuscritos que llegan con roles cavernícolas, y de autores jóvenes, de 30 y 40 años”, responde la directora editorial de La Galera.

En el 2006, Rosa María Pérez Grau, maestra de la escuela Gloria Fuertes, de Dos Hermanas (Sevilla), analizó la igualdad de sexos en veinte cuentos infantiles sacados de Los cuentos de la Media Lunita, de A.R. Almodóvar Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2005, y sus conclusiones no dejaron lugar a dudas. Encontró que el número de personajes masculinos es muy superior, pues sólo en cuatro de los veinte relatos analizados aparecen personajes femeninos, y es porque son protagonistas, pues las mujeres no aparecen como personajes secundarios ni en las ilustraciones. En el 90% de los casos la mujer aparece subordinada al hombre, incluso cuando se trata de reinas o princesas, y actúa como respondiente, no como iniciadora de conversaciones o acciones. En cambio, en ninguno de los cuentos revisados un hombre se somete a una mujer, aunque sí a otros hombres. Y el 80% de las mujeres que salen en esas historias se dedica a tareas domésticas, mientras que el 75% de las actividades intelectuales planteadas (por profesión o por resolución de conflictos) corresponden a hombres. A pesar de los datos de su análisis, Pérez Grau cree que la literatura infantil ha avanzado y que, como en muchos centros escolares se promueven planes de igualdad, los profesores también están más pendientes de los contenidos sexistas de los cuentos y reaccionan ante ellos buscando historias diferentes, cambiando el final u ofreciendo varios finales para promover un espíritu crítico.

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