Vuelven los cuentos en azul y rosa II

Rosa Rius

Cristina Ramos, maestra de educación infantil, psicóloga y asesora de formación del profesorado en el CEP de Granada, ha creado una herramienta para que los profesores tengan en cuenta los elementos sexistas de los cuentos analizando los contenidos, el lenguaje, las ilustraciones, etcétera, y luego decidan si lo cuentan o no y, si lo hacen, elijan cómo. Su experiencia es que los cuentos no sexistas son, hoy por hoy, minoritarios. “Revisamos todos los cuentos de la Biblioteca de Andalucía y concluimos que sólo 40, de unos 3.000, eran no sexistas”, afirma Ramos. Explica que, por una parte, los cuentos que más gustan en la infancia son los llamados de hadas, los tradicionales, y esos, como han puesto de manifiesto diversos estudios, no tienen en cuenta la perspectiva de género. Pero cree que muchos cuentos nuevos tampoco cuidan mucho este aspecto “y a veces resulta que la historia no es sexista pero le dan ese sesgo las ilustraciones –los niños aparecen jugando con coches y las niñas con muñecas, o la madre en la cocina al lado del bebé y el padre con la cartera y las llaves del coche en la mano– o el lenguaje utilizado”, apunta. En su opinión, los cuentos de ahora han actualizado los estereotipos sobre el trabajo o las tareas de casa, pero no los rasgos emocionales, y a los personajes masculinos se les sigue dotando de fortaleza, vitalidad, agresividad y pasión por la aventura, mientras que a los femeninos se les atribuyen rasgos de protección, bondad y sensibilidad. “Ese sexismo sutil es más peligroso, porque los niños y niñas se socializa con los cuentos viendo que todos los hombres son valientes y activos y las mujeres sumisas, pasivas o frívolas, y de manera inconsciente y acrítica identifican esos valores como positivos, y así reforzamos un esquema social desigual”, advierte Ramos.

También Virginia García-Lago, profesora de Psicología de la Educación y del Desarrollo en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, cree que uno de los problemas de muchos cuentos nuevos que se presentan como igualitarios es que no han actualizado los rasgos de personalidad “y resulta que la madre trabaja fuera de casa y el padre colabora en las tareas domésticas pero la madre sigue siendo tierna y dócil y el padre valiente”. En su opinión, al personaje femenino siempre se le acaba desvirtuando. “La protagonista femenina de Harry Potter, Hermione Granger, comienza siendo famosa por ser la chica más inteligente de su clase, valiente y leal, pero al final de la historia lo que se destaca del personaje es que se ha enamorado; siempre surge el final de novela rosa”, ejemplifica.

Y los mensajes que emanan de los cuentos no son baladíes. “Todos asociamos manzana con Blancanieves, zapato de cristal con Cenicienta y alfombra con Aladino; todo lo que se transmite vía cuentos resulta difícil de olvidar, y eso los hace peligrosos”, dice García-Lago. Hace unos años comprobó, con un trabajo de campo en varios colegios, cómo después de escuchar el cuento de La Cenicienta, todos los niños a los que se pedía que dibujaran una persona realizando alguna tarea del hogar representaban una figura femenina, mientras que en las clases donde se contó un cuento inventado sin estereotipos de género, una parte de los alumnos (el 12%) dibujó una figura masculina. “El cuento es uno de los recursos didácticos más potentes de los que disponemos; con ellos socializamos, inculcamos ideas, transmitimos modelos…”, subraya Cristina Ramos. Pero tampoco cree que los cuentos nuevos sean la panacea: “El peligro es que sean tan políticamente correctos que no cuenten nada”. García-Lago coincide en que el problema de los cuentos centrados en los valores es que no enganchan, no tienen fuerza ni magia, son trocitos de la vida cotidiana “y los niños nunca te piden que se los vuelvas a contar”. En otras ocasiones, critican las especialistas consultadas, se incluyen personajes a modo de “mujer-cuota”, simplemente virilizando al personaje femenino.

De ahí que muchos maestros y especialistas en literatura infantil reivindiquen los cuentos tradicionales a pesar de su contenido sexista. “Los cuentos clásicos son poderosísimos; Piel de Asno está lleno de sexismo y racismo, pero es una historia de liberación femenina y una advertencia de que podemos sufrir abuso sexual por parte de alguien cercano, como el padre”, afirma Virginia Imaz, creadora y contadora de cuentos y fundadora del grupo de teatro Oihulari Klown. Reivindica los cuentos tradicionales, con tramas fuertes y grandes valores, “contados con alientopropio, cuidando el lenguaje y la entonación, porque las palabras no son neutras ni inocentes, los niños y niñas notan si tú censuras lo que estás contando, y también saben si son historias que hacen referencia al pasado, a cómo se hacían antes las cosas; lo más sexista de todo es que el lenguaje no sea inclusivo, que se utilice el masculino universal y se deje a las niñas fuera”, dice Imaz. Coinciden con ella las maestras consultadas. “A veces basta dramatizar las escenas sexistas cambiando los elementos masculinos por femeninos para que los niños lo vean ridículo y se rían; otras veces la solución es cambiar el final y que la princesa diga al príncipe que no se casa con él porque ni siquiera le conoce y, además, prefiere ir a estudiar al extranjero”, sugiere Ramos. “No se trata de dejar de lado los cuentos tradicionales o los sexistas, sino de formar lectores y lectoras críticos que disfruten con la lectura y sean capaces de interpretarlas en sus coordenadas socio-históricas, entendiendo que el momento actual responde a otros parámetros en los que no debe establecerse ninguna discriminación entre niños y niñas”, afirma María Rosal Nadales, profesora de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Córdoba. Y enfatiza que, a pesar de las nuevas corrientes del mercado, la literatura infantil ha avanzado en todo lo relacionado con los estereotipos, y hay editoriales, padres y madres, y maestros y maestras que se esfuerzan a la hora de elegir las lecturas para los niños.

Tags: , , , , , , , , , ,

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.